El Poder Transformador del Amor
La esencia de la vida cristiana
“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”
Mateo 22:36-40 · RV60Introducción
Si alguien nos preguntara cuál es el mandamiento más importante de toda la Biblia, probablemente pensaríamos en los Diez Mandamientos o en alguna otra enseñanza de Jesús.
Sin embargo, cuando los fariseos hicieron esa misma pregunta al Señor, su respuesta fue sorprendentemente sencilla.
No mencionó cientos de leyes.
No habló primero de la oración, del ayuno, de las ofrendas o de los sacrificios.
Jesús respondió con una sola palabra que resume toda la voluntad de Dios:
"Amor."
Pero para comprender realmente este mandamiento debemos responder primero una pregunta:
¿Dónde nace el verdadero amor?
La respuesta cambia por completo nuestra forma de entender la vida cristiana.
El amor comienza en Dios
Muchas personas creen que deben amar a Dios para que Él las ame.
La Biblia enseña exactamente lo contrario.
Todo comenzó con Dios.
Él tomó la iniciativa.
Él nos amó cuando todavía estábamos lejos de Él.
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
1 Juan 4:19 · RV60
El mayor ejemplo de ese amor fue la cruz.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Juan 3:16 · RV60
Detengámonos un momento a pensar en esto.
Si eres padre o madre, imagina entregar voluntariamente a tu hijo para salvar a personas que te han rechazado.
Personas que han pecado.
Personas que incluso hablan mal de ti.
Probablemente ninguno de nosotros sería capaz de hacerlo.
Pero Dios sí.
Y Pablo añade una verdad aún más impactante:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Romanos 5:8 · RV60
Cristo no murió cuando éramos justos.
Murió cuando todavía éramos pecadores.
Ese amor es el fundamento de toda nuestra fe.
No obedecemos para ganar el amor de Dios.
Obedecemos porque ya hemos sido amados por Él.
Jesús resume toda la Ley en una sola palabra
Cuando los fariseos quisieron poner a prueba a Jesús, le hicieron una pregunta muy importante:
"¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?"
Esperaban que escogiera uno entre los más de seiscientos mandamientos que los judíos identificaban en la Ley de Moisés.
Pero Jesús hizo algo extraordinario.
Resumió toda la voluntad de Dios en dos mandamientos inseparables.
Primero:
"Amarás al Señor tu Dios..."
Después:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Y concluyó diciendo:
"De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas."
Con esta declaración, Jesús enseñó que todos los demás mandamientos tienen un mismo propósito: enseñarnos a amar correctamente.
Amar a Dios con todo nuestro ser
Desde el Antiguo Testamento, Dios había dejado claro que el amor hacia Él debía ocupar el primer lugar.
“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”
Deuteronomio 6:5 · RV60
Y también preguntó a su pueblo:
“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;”
Deuteronomio 10:12 · RV60
Jesús retomó estas palabras y explicó que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente.
Con todo tu corazón
El corazón representa nuestros deseos, emociones y voluntad.
Amar a Dios con el corazón significa ponerlo por encima de nuestros sueños, sentimientos e intereses.
Es aprender a decir:
“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42 · RV60
Con toda tu alma
El alma representa nuestra vida, nuestra identidad y nuestro ser interior.
Amar a Dios con toda el alma significa entregarle toda nuestra existencia y no solamente una parte de ella.
Con toda tu mente
La mente dirige nuestras decisiones.
Allí nacen nuestras ideas, prioridades y razonamientos.
Amar a Dios implica renovar nuestra manera de pensar mediante Su Palabra y buscar ver el mundo como Él lo ve.
Con todas nuestras fuerzas
Deuteronomio añade una cuarta dimensión: nuestras fuerzas.
Habla de nuestro tiempo, energía, capacidades y recursos.
El amor verdadero nunca permanece solamente en palabras.
Siempre produce acciones.
Por eso Jesús dijo:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Juan 14:15 · RV60
La obediencia no es una carga.
Es una expresión de amor.
Amar al prójimo como a ti mismo
Después de enseñar el primer gran mandamiento, Jesús añadió inmediatamente el segundo.
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
No dijo que fuera un mandamiento independiente.
Dijo que era semejante.
Porque quien ama verdaderamente a Dios terminará amando aquello que Dios ama: las personas.
Juan lo expresó con claridad.
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”
1 Juan 4:20 · RV60
Nuestro amor hacia Dios se refleja en la manera en que tratamos a los demás.
No podemos separar ambas cosas.
Sin embargo, Jesús añadió una expresión que muchas veces pasamos por alto:
"Como a ti mismo."
Esa frase merece toda nuestra atención.
¿Qué significa amarte a ti mismo?
Jesús no estaba promoviendo el egoísmo.
Tampoco estaba hablando del amor propio que el mundo suele enseñar.
Hablaba de reconocer el valor que Dios nos ha dado.
Una persona que constantemente se desprecia, vive dominada por la culpa o cree que no tiene valor, tendrá grandes dificultades para amar correctamente a los demás.
Por eso necesitamos aprender a vernos como Dios nos ve.
Fuimos creados a la imagen de Dios
La Biblia enseña una verdad extraordinaria.
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”
Génesis 1:26 · RV60
Y añade:
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
Génesis 1:27 · RV60
Nuestro valor no depende de nuestra apariencia, nuestros logros o la opinión de los demás.
Tenemos valor porque fuimos creados por Dios.
Cada ser humano refleja algo de su Creador.
Cuando despreciamos nuestra vida, también despreciamos la obra de Aquel que nos creó.
Aprender a aceptar el perdón
Muchos saben que Dios perdona, pero siguen viviendo bajo la culpa.
Se condenan constantemente por errores pasados.
Sin embargo, la Escritura dice:
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
Romanos 8:1 · RV60
Aceptar el perdón de Dios también es una forma de creer en Su gracia.
No significa justificar el pecado.
Significa creer que la sangre de Cristo fue suficiente para limpiarnos.
Cuidar el templo de Dios
Amarnos también implica cuidar el cuerpo que Dios nos dio.
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
1 Corintios 6:19-20 · RV60
Nuestro cuerpo pertenece al Señor.
Por eso lo cuidamos.
No por vanidad.
Sino por gratitud y mayordomía.
Una identidad sana produce un amor sano
Cuando comprendemos cuánto nos ama Dios dejamos de buscar nuestro valor en la aprobación de las personas.
Ya no necesitamos competir.
No necesitamos compararnos.
No vivimos intentando demostrar que somos mejores.
Sabemos quiénes somos porque conocemos quién es nuestro Padre.
Solo quien ha recibido el amor de Dios puede extender ese mismo amor a los demás.
¿Cómo es el verdadero amor?
Ahora que entendemos de dónde nace el amor y hacia quién debe dirigirse, la siguiente pregunta es:
¿Cómo luce ese amor en la práctica?
La mejor respuesta está en 1 Corintios 13.
El amor:
es paciente;
es bondadoso;
no tiene envidia;
no es jactancioso;
no se envanece;
no hace nada indebido;
no busca lo suyo;
no se irrita fácilmente;
no guarda rencor;
se goza con la verdad;
todo lo sufre;
todo lo cree;
todo lo espera;
todo lo soporta.
Y Pablo concluye diciendo:
"El amor nunca deja de ser."
Todo pasará algún día.
Las riquezas.
El conocimiento.
Los dones.
Los cargos.
Pero el amor permanecerá para siempre.
El amor que va más allá de lo natural
Jesús llevó el amor a un nivel que el mundo considera imposible.
No solo nos mandó amar a quienes nos aman.
También dijo:
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;”
Mateo 5:44 · RV60
Amar así no nace de nuestras fuerzas.
Nace de haber experimentado primero el amor de Dios.
Solo quien ha sido perdonado puede perdonar.
Solo quien ha recibido gracia puede extender gracia.
Ese es el amor que rompe el ciclo del odio, restaura relaciones y refleja el carácter de Cristo.
El amor cumple toda la Ley
Jesús concluyó diciendo:
"De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas."
Pablo lo expresó de otra manera:
“El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”
Romanos 13:10 · RV60
Cuando amamos a Dios:
buscamos agradarle en todo.
obedecemos sus mandamientos.
confiamos en su voluntad.
lo honramos con nuestra vida.
Cuando amamos al prójimo:
no buscamos aprovecharnos de ellos
no los engañamos con mentiras.
no traicionamos su confianza.
no les causamos daño.
no envidiamos lo que Dios les ha dado.
La obediencia deja de ser simplemente una lista de reglas y se convierte en la consecuencia natural de un corazón transformado por el amor de Dios.
Reflexión
Después de estudiar las palabras de Jesús, queda claro que el amor no es solo un mandamiento más; es el fundamento de toda la vida cristiana.
Podemos conocer la Biblia, asistir a la iglesia, servir, orar e incluso hacer grandes sacrificios, pero si el amor no gobierna nuestro corazón, todo pierde su verdadero propósito. Como escribió el apóstol Pablo: "Si no tengo amor, nada soy".
El amor comienza reconociendo cuánto nos ha amado Dios. Ese amor transforma nuestra identidad, nos recuerda que fuimos creados a Su imagen y semejanza, nos enseña a aceptar Su perdón y nos invita a cuidar la vida que Él nos ha dado.
Cuando entendemos quiénes somos delante de Dios, podemos amarle con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Y solo entonces estaremos preparados para amar a nuestro prójimo con la misma gracia, paciencia y misericordia que Dios ha tenido con nosotros.
Quizá el mayor desafío no sea preguntarnos cuánto sabemos de Dios, sino cuánto de Su amor se refleja en nuestra vida.
Pregúntate hoy:
¿Ocupa Dios verdaderamente el primer lugar en mi corazón?
¿He aceptado el amor y el perdón que Él me ofrece o sigo viviendo bajo la culpa?
¿Estoy cuidando el cuerpo y la vida que Dios me ha confiado?
¿Hay alguien a quien necesito perdonar, servir o amar como Cristo me ha amado?
Si las personas observaran mi vida, ¿podrían reconocer el amor de Dios a través de mis palabras, mis acciones y mis decisiones?
El mundo reconocerá a los seguidores de Cristo, no solamente por lo que creen, sino por la manera en que aman. Ese amor comienza en Dios, transforma nuestro corazón y se convierte en el reflejo más evidente de que Cristo vive en nosotros.
Medita en esto
“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.”
Colosenses 3:14 · RV60
“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a símismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”
Efesios 5:2 · RV60
“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”
1 Pedro 4:8 · RV60
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